Blog de cronicadebaile

" I want to be fat" de Cecilia Pavón

Escrito por cronicadebaile 02-10-2018 en Deseo. Comentarios (0)

I WANT TO BE FAT  DE CECILIA PAVÓN

Everybody deserves to be fucked.

Sex in Dallas

SENTIR (CON MAYÚSCULAS) es algo muy complejo que debe diseñarse y llevarse a cabo con delicadeza y rigor. Por eso, mis amigas y yo nos inventamos una droga que nos ayuda a sentir. Cosas nuevas. Y sentir cosas nuevas nos ayuda a cambiar. Nosotras le decimos “agitar”, pero sólo porque teníamos que ponerle un nombre, y ese es el que estaba más a mano, pero no tiene nada que ver con lo que cualquier persona se imagina cuando escucha ese verbo. Es decir, no se relaciona de ningún modo con el concepto de generar disturbios o conflictos en la vía pública. No salimos a la calle a armar lío, se trata más bien de una agitación interna lograda en base a salidas estratégicas hacia el ambiente exterior (que al fin de cuentas está entrelazado cuánticamente con el interior). Lo que queremos es sentir emociones inéditas, y tratamos de hacerlo a través de una “droga de gomaespuma”, si me pidieran que lo resumiera. Aunque, en lo que a mí respecta, no creo que los procesos químicos que tienen lugar en mis neuronas puedan describirse de una manera tan sencilla.

Concretamente, nos disfrazamos de gordas para percibir el mundo desde ese lugar. Cuando sos gorda, ningún hombre quiere seducirte, y esa es una forma de libertad. Todos los viernes, a las nueve, nos juntamos en mi casa. En total somos seis: Marina, Gabriela, Fernanda, Natalia, Carolina y yo. Cuando llegan, yo ya tengo la pizza y el chocolate preparado sobre la mesada, porque comenzamos nuestra excursión consumiendo esos productos –prohibidos- en cantidad. Nos amontonamos en la mesita de la cocina y, mientras cenamos decimos en voz alta nombres de mujer: Ada, Gema, Benita, Luz, Elma, Jacinta, Delmira, Domitilia, Federica, Marión. Nombres originales que nos gustaría tener, aunque sólo por un rato. Porque no deseamos abandonar nuestras identidades para siempre. Apenas por unas horas. (Como tampoco queremos abandonar nuestros cuerpos definitivamente: unas pocas horas alcanzan para cambiar).

Cuando terminamos de cenar nos vamos a mi cuarto y nos desvestimos. Todas son muy ordenadas y doblan la ropa sobre las sillas que yo dispongo alrededor de la cama. Cada silla tiene un rótulo con un nombre. De esa forma, cuando volvemos, eufóricas y con la conciencia alterada, podemos reconocer fácilmente quiénes éramos y qué ropa traíamos antes de salir.

Después saco una caja de plástico llena de planchas de goma espuma y tijeras, y nos ponemos a trabajar. Cortamos rectángulos y círculos de ese material, que nos atamos con hilo transparente alrededor de los brazos, las piernas, el cuello y el tronco, tratando de que no quede ninguna superficie de verdadera piel expuesta al mundo. Saturamos nuestros cuerpos de gomaespuma hasta transformarnos en personas verdaderamente grandes. Seres ampulosos y acolchados. Una vez enormes, pintamos el material que nos envuelve con témperas de color rosado, y finalmente nos vestimos. Preferimos la ropa de colores fuertes para llamar más la atención, y porque en las revistas femeninas siempre escriben artículos en contra de la ropa de colores estridentes que, al parecer, engorda. (En general, nuestro lema es hacer lo contrario de lo que dicen las revistas femeninas).

Cerca de las doce, salimos a la calle con nuestros nuevos cuerpos y nuestra nueva personalidad. Nos tomamos un taxi y nos vamos a vagar por la noche. Entramos a restaurants, bares, librerías, discotecas, y cualquier espacio que nos llame la atención. Nos sentamos en los bancos de concreto de las plazas, una al lado de la otra, rozando nuestras caderas esponjosas, y nos abrazamos para quedar como una sola masa de carne, o un tren. O bailamos ondulantes extendiéndonos en la pista bajo las luces estroboscópicas.

Durante horas nos sentimos gordas en la ciudad. No simplemente gordas encerradas en nuestros departamentos, sino gordas transitando por las calles aristocráticas y luminosas de los barrios acomodados. Porque a esos barrios es a donde más nos gusta ir. Allí, todas las mujeres son flacas y se visten con colores apagados: marrón, negro, azul marino, verde musgo, gris…Y la droga de la gordura es mucho más efectiva cuando se experimenta potenciada por el contraste. Al irrumpir en esos paisajes nos sentimos verdaderas freaks.

Y les digo: no hay droga más poderosa que la mirada del prójimo cuando te eleva al lugar vanguardista del freak. Nadie sabe realmente nada de la vida hasta que no se ha sentido en algún momento, por alguna circunstancia, un freak. Que te miren de esa manera genera más adrenalina que hacer jumping desde un puente, o que tomarse ua pastilla de éxtasis y bailar toda la noche en una rave. Y una vez que lo has experimentado es muy difícil parar. Estamos seguras de que cuando envejezcamos, vamos a querer ser como esas señoras que se tiñen el pelo una vez por semana y lo tienen extremadamente seco, pero rubio, de un rubio veteado y de mal gusto; se maquillan mal delineándose exageradamente los labios y usan pantalón de jogging con tacos, pulóveres muy gastados pero con lentejuelas y anteojos de sol con el marco color violeta. Esas ancianas que uno ve en el colectivo y dice: “A los sesenta, yo quiero verme exactamente así”. Pero ahora a los treinta, sólo nos queda la opción de ser gordas.

Cuando ya hemos tenido suficiente, alrededor de las cuatro o cinco, exhaustas, tomamos un taxi de vuelta. Durante el viaje, tratamos de poner en palabras lo que acabamos de sentir. Sacamos unas libretas y anotamos rápidamente nuestras impresiones (como hacía Baudelaire con el hachís). Después, durante la semana las redactamos correctamente y nos las mandamos por mail. El año que viene queremos publicar un pequeño volumen que sirva de protocolo para los que quieran sentir lo mismo que nosotras. El mundo está cambiando y este es el momento de inventar nuevas experiencias. La gente ya conoce las drogas disponibles en el mercado, y necesita encontrar otras nuevas. Porque lo importante es cambiar, y las drogas son lo único que te ayudan a cambiar. 


"FELICIDAD CLANDESTINA" de Clarice Lispector

Escrito por cronicadebaile 02-10-2018 en felicidad. Comentarios (0)

Ella era gorda, baja, pecosa y de cabellos excesivamente crespos, casi amarillentos. Tenía un busto  enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Por si eso fuera poco, llenaba los  dos bolsillos de la blusa, por encima del busto, con caramelos. Pero tenía lo que a cualquier niña devoradora de historias le gustaría tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para su cumpleaños, en vez de por lo menos un  librito barato, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Para colmo era siempre un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás, escribía con letra elaboradísima palabras como “aniversario” y “recuerdos”.

Pero qué talento tenía para la crueldad. Toda ella era pura venganza, chupando ruidosamente los caramelos. Cómo nos debía odiar esa niña, nosotras que éramos imperdonablemente lindas, espigadas, altas, de cabellos libres. Conmigo ejerció su sadismo con serena ferocidad. En mis ansias de leer, no me daba cuenta de las humillaciones a las que me sometía: seguía implorándole prestados los libros que ella no leía.

Hasta que le llegó el magno día de empezar a ejercer sobre mí una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía Las Travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, era un libro para vivir con él, para comerlo, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si pasaba por su casa al día siguiente, me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de la alegría, me transformé en la esperanza misma: no vivía, nadaba lentamente en un mar suave, las olas me llevaban y me traían.

Al día siguiente fui a su casa, literalmente corriendo. Ella no vivía en una casa de altos como yo, sino en una casa. No me invitó a pasar. Mirándome a los ojos, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que regresara a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, salí despacio, pero enseguida tuve un arrebato de esperanza y volví a andar por la calle a los saltos, que era mi extraño modo de andar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, al día siguiente llegaría, los días siguientes serían luego mi vida entera, el amor por el mundo me esperaba, anduve saltando por las calles como siempre y no me caí ni una sola vez.

Pero el asunto no terminó allí. El plan secreto de la hija del librero era tranquilo y diabólico. Al día siguiente, allá estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón latiendo fuerte. Para escuchar la tranquila respuesta: que el libro todavía no estaba en su poder, que volviera al día siguiente. Entonces yo no sabía que más tarde, en el transcurso de la vida, aquel drama del “día  siguiente” con ella se repetiría, con mi corazón latiendo fuerte.

Y continuó así. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. Ella sabía que era un tiempo indefinido, mientras no eliminara toda la hiel de su gordo cuerpo. Yo ya empezaba a adivinar que me había elegido para hacerme sufrir; a veces adivino. Pero, aun adivinando, a veces acepto: como si el que quiere hacerme sufrir necesitara desesperadamente que yo sufra.

¿Cuánto tiempo? Yo iba todos los días a su casa, sin faltar uno solo. A veces me decía: tuve el libro ayer a la tarde, pero viniste a la mañana, de modo que se lo presté a otra niña. Y yo, que no era propensa a las ojeras, las sentía hundirse bajo mis ojos espantados.

Hasta que un día, cuando estaba en la puerta de su casa oyendo, humilde y silenciosa, su negativa, apareció su madre. Debía resultarle extraña la aparición muda y cotidiana de aquella niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada, de palabras poco esclarecedoras. A la señora le parecía cada vez más extraño el hecho de no entender qué pasaba. Hasta que esa buena madre entendió. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: “¡pero si ese libro nunca salió de esta casa y tú ni siquiera quisiste leerlo!”.

Y lo peor para esa mujer no era descubrir lo que ocurría.Debía ser descubrir, con horror, qué clase de hija tenía.Ella nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida y la niña rubia parada en la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces que, recomponiéndose por fin, le dijo firme y calma a su hija: “vas a prestarle el libro ahora mismo”. Y a mí: “y tú vas a quedártelo todo el tiempo que quieras”. ¿Se dan cuenta? Eso valía mucho más que darme el libro: “por el tiempo que yo quisiera” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que ocurrió después? Yo estaba aturdida, y así recibí el libro en mis manos. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no salí saltando como siempre. Salí caminando bien despacio. Sé que sostenía el libro gordo con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Cuánto tiempo tardé en llegar a casa, poco importa. Mi pecho estaba caliente, mi corazón pensativo.

Cuando llegué a casa no me puse a leer. Fingía que no tenía el libro, sólo para después tener el sobresalto de tenerlo. Horas después lo abrí, leí algunas frases maravillosas, lo cerré de nuevo, me puse a dar vueltas por la casa, demoré todavía más yendo a comer pan con manteca, fingía que no sabía dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría durante unos segundos. Creaba las más falsas dificultades para aquella cosa clandestina que era la felicidad. La felicidad siempre iba a ser clandestina para mí. Parece que ya lo presentía. ¡Cuánto tardé! Vivía en el aire… Había orgullo y pudor en mí. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca, meciéndome con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.

Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.

Clarice Lispector

(1) Clarice Lispector (Brasil, 1920-1977)

Narradora brasileña, que nació en Ucrania, pero que, cuando era pequeña, se trasladó con su familia a Recife. Después se instaló en Río de Janeiro, donde estudió derecho. Estuvo en Nápoles, trabajando en el hospital de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, y después en Suiza y Estados Unidos. Su primera novela, escrita a los 24 años, Cerca del corazón salvaje (1944) la hizo merecedora del premio Graça Aranha. Después de publicar La manzana en la oscuridad (1961), despertó el interés de la crítica literaria, que la situó, junto con João Guimarães Rosa, en el centro de la ficción de vanguardia. En su obra se descubre un uso intenso de la metáfora, atmósfera íntima y ruptura con la peripecia basada en hechos, principalmente en La pasión según G. H. (1964) y Aprendizaje o el libro de los placeres (1969). En el contexto de la nueva literatura brasileña, su obra se destaca por la exaltación de la vivencia interior y por el salto de lo psicológico a lo metafísico. En el plano ontológico, se produce el encuentro entre una conciencia y un cuerpo, en estado de materialidad neutra. En su narración pueden identificarse varias crisis: crisis del personaje-ego, resuelta no a través del intimismo, sino en la búsqueda consciente de lo supraindividual; crisis de la narración, a través de un estilo inquisitivo; crisis de la función documental de la prosa novelesca. Parte del presupuesto de que toda obra es novela de educación existencial. De su vasta producción literaria, desde La ciudad sitiada (1949) hasta La bella y la bestia (1979), merecen recordarse los cuentosLazos de familia (1960, traducidos al español por Cristina Peri Rossi en 1988), La legión extranjera (1964), y las novelas La imitación de la rosa(1973), Agua viva (1977), La hora de la estrella (1977) y Un soplo de vida (póstuma, 1978). Murió en Río de Janeiro.


"IMPOSIBLE ESCRIBIR COMO UN GATO" (fragmento) de gabriela bejerman

Escrito por cronicadebaile 02-10-2018 en videos. Comentarios (0)

Quisiera escribir como Felipe, el gato que me eligió. Quisiera escribir de la misma forma en que se mueve, en que percibe las cosas, el mundo. Pero, ¿qué será el mundo para él? La historia de su llegada es muy linda. Yo me había separado definitivamente de un amor intenso, enfermo y desesperado. Recibí el último shock, el último dolor que ese supuesto “amor” podía darme. Y entonces decidí que iba a tener un animal: un gato. A la semana de esa decisión escuché un maullido en la puerta de mi departamento. Abrí y estaba él, que entró lo más campante. Estaba cascoteado, le faltaban unos pedacitos de oreja y tenía huecos de pelo en la pata. No me gustó, no fue “amor a primera vista”. Es más, le cerré la puerta en la cara. Lo escuché insistir del otro lado, hasta que se alejó. Entonces recordé que hacía poco, al volver de vacaciones, había encontrado huellas de gato en el sillón blanco, y una noche una gata gorda salió del ropero, donde había planeado tener cría. Yo cerré la ventana por la que había salido, llovía a cántaros... Ahora me sentía culpable. No podía negarle alojamiento por segunda vez a alguien de su especie. Entonces dije en voz alta: “Si querés, volvé”. Era una promesa, porque en caso de que lo hiciera, yo iba a adoptarlo. Al ratito lo escuché: miau, miau... No sé cómo me vino el nombre cuando hablaba por teléfono con mi mamá para contarle de su llegada, “¿y cómo le pongo, Felipe?”

Mis amigos dicen que es gato-perro. Me viene a recibir cuando llego y también recibe y despide a los participantes de los talleres. Es más, cuando se va haciendo la hora de terminar la clase, se despereza en su almohadón como diciendo: chicos, vayan yendo...

En este momento está acostado con las patas para arriba haciendo lo que un amigo denomina: “mostrar el peluche”. Me acuerdo que dijo: “Qué lindo es cuando te muestran el peluche”; empecé a considerarlo un amigo más inteligente a partir de esa apreciación. (...) Piensan que es hembra porque tiene collar rosa. Se detienen a hacerle unos mimos que él acepta con más facilidad estando en la calle que en su domicilio, mi departamento. ¿Por qué será? Sentirá que él decide con más libertad, que elige recibir esos mimos de manos desconocidas, de gente que pronto desaparecerá y que no va a intentar agarrarlo para prolongar el mimo más allá de su deseo.


otro cuento

Escrito por cronicadebaile 04-09-2018 en otro. Comentarios (0)

Continuidad de los parques

[Cuento - Texto completo.]

Julio Cortázar


Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

FIN


hola chicas

Escrito por cronicadebaile 29-08-2018 en YES. Comentarios (0)

estamos llegando a la recta final

en primer lugar!

atención: NECESITO QUE CORRIJAN TODOS LOS ERRORES EN LO SUBIDO: CORTE DE VERSO, ORTOGRAFÍA.

 NO SEGUIREMOS AVANZANDO HASTA QUE EL BLOG NO ESTÉ IMPECABLE.


POR OTRO LADO, HOY TRABAJAREMOS CON NUESTROS POEMAS Y EL CORTE DE VERSO.


CONSIGNAS

1) A PARTIR DE LAS IMÁGENES SELECCIONADAS EMPEZAR A ESCRIBIR UN POEMA BASÁNDOSE EN LOS DETALLES DE LAS IMÁGENES. O SEA, NO NOMBRAR LAS IMÁGENES EN SÍ


2) NÚCLEOS NARRATIVOS (ESTE CONCEPTO LO VEREMOS EN CLASE)

ESCRIBIREMOS UNA HISTORIA (PARA TRABAJAR REDACCIÓN)

CADA UNA DE LAS IMÁGENES SELECCIONADAS SERÁ UN NÚCLEO NARRATIVO EN NUESTRA HISTORIA


3) ELIGIRÁN UN CUENTO TRABAJADO EN EL AÑO Y BUSCARÁN DIEZ IMÁGENES QUE LO ILUSTRE EN SUS NÚCLEOS NARRATIVOS.

LUEGO SE FILMARÁN CONTANDO CADA UNO DE ESOS NÚCLEOS.